miércoles, 29 de abril de 2009

Tierra

He visto pasar las nubes, impasibles, tras el rojo albero. Me he pensado circunscrito a esta tierra, donde los montes levantan muros.

Y he pensado en seguir la linde y comenzar de nuevo un viaje, ensanchar la experiencia de la vida y volver a escapar.

Me he manifestado disconforme con esta soledad, tan obsoleta como puta, que se ha vuelto color teja y me cubre.

De nuevo cabalgado por una cuerda floja, unas veces prendida de tus labios o fijada a tus ojos, otras al antojo de alguna mano sinsentido.

He visto pasar las nubes, impasibles, tras el rojo albero y yo no estaba conmigo.

martes, 28 de abril de 2009

Recupérese Don Mario

ESPERO de Mario Benedetti

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
Sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
Pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
Quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
Y la Luna oculta ese sol tan radiante.
Me siento sólo, lo sé,
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto.
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
Porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no solo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo solo así?
¿Por qué no solo...



Pd: siempre hay un poema exacto para mi inexacta vida.

lunes, 27 de abril de 2009

Sinsabores

He cedido a un mundo de añoranzas de lo desconocido, de hastíos de invierno y de temores de otoño, de una incomprensible necesidad a sentirte algo mas cerca, de la absurda sensación de sentirse absurdo, de descubrir que la alergia es una reacción a un estado de ánimo, de seguir cediendo a esta inefable impresión de saber menos cada día.

Y lucho por que la madrugada queme mis parpados en la medida justa (por que mi boca ya se pobló de ceniza), y sueño por poderte convencer algún día de que esto (y no aquello) es lo correcto, y me quedo afónico de gritar sin abrir la boca, y sordo de no escucharte y ciego de ya sabes que (¿lo sabes verdad?).

Y vuelvo a desmembrar mis sentidos con la única insensata intención de saber, sentir o quizás tener algo que merezca la pena ser contado.

Repito, sí, hoy de nuevo es lunes.

viernes, 24 de abril de 2009

Deshojando

En esta esquina apacible del tiempo, en la que me considero lo suficientemente adulto como para tener problemas y lo suficientemente niño como para saber eludirlos, en el que el calendario se dibuja al antojo de tus elegidas ausencias y que mi vida es miel sin pan y alguna abeja.

Creo que es el momento de sentarme en la atalaya de mi mundo (B 612), e intentar encontrar alguna explicación al tuyo, ver donde está la puerta, robarte la llave e idear alguna estrategia para engañar al perro que la guarda.

¿Seguirá siendo la vida una dulce pena, condena de sueños, alegrías con pulso y latido?

La verdad, no lo sé y sé también que no tiene demasiada importancia.


“Que yo también comparto los mismos miedos,
también busco una cinta para atar el tiempo.
También arrastro conmigo una cadena de sueños.”
I. Serrano

jueves, 23 de abril de 2009

Imaginar los sitios posibles… de Luis García Montero

IMAGINAR LOS SITIOS POSIBLES DONDE ESTABAS...

...en un rincón del año...
V. Huidobro


Imaginar los sitios posibles donde estabas,
verte llegar sin noche a La Tertulia,
reconocer tu voz apresurada
al contar una anécdota
o preguntar por mí,
saber que nos mirábamos antes de conocernos,
son capítulos largos de mi vida.

Supongo que también te dejarán a ti
este mismo vacío,
esta impaciencia por estar sin nadie
mientras se nos olvida
todo el calor que duele de olvidado.

El naufragio es un don afín al hombre.
Después de que sucede
suelen tener las huellas
esa incomodidad que tienen las mentiras,
el recuerdo es un dogma,
la soledad el pecho que tú me acariciaste.

Pero cambiando de conversación
el tiempo -buen amigo
que deforma el pasado como el amor a un cuerpo-
hará que cada día no parezca un disparo,
que volvamos a vernos una tarde cualquiera,
en un rincón del año y sin sentir
demasiada impotencia.

Será seguramente
como volver a estar,
como vivir de nuevo en una edad difícil
o emborracharnos juntos
para pasar a solas la resaca.

Igual que quemaduras debajo de los dedos,
en un segundo plano
seguiremos presentes y esperando
ese momento exacto del náufrago en la orilla,
cuando al salir del mar
me escribas en la arena:
«Sé que el amor existe,
pero no sé dónde lo aprendí».

martes, 21 de abril de 2009

Deformaciones microrelatadas

Se extingue nuestro tiempo, y aun tus labios son lienzos y los míos óleos. Hemos de encontrar nuestros pinceles.
El reloj de arena se va vaciando, y aun tus ojos son estrellas y los míos cielo. Y aun falta la escalera para poder poner cada cosa en su lugar
Se llena la clepsidra, y aun tus manos son lana y mis dedos agujas de punto. Sin saber cual será el patrón a seguir.
Se va consumiendo la vela, y aun eres saliva y yo comisura. En aséptica no mezcla de fluidos.
El sol se escapa del reloj, y aun eres perfume y yo sin olfato. Oteando el viento que ha de venir.
Las manecillas marcan las doce, y aun así decido seguir pensándote. En tic-tac incesante.

...

Se extingue nuestro tiempo,
y aun tus labios son lienzos
y los míos óleos.

El reloj de arena se va vaciando,
y aun tus ojos son estrellas
y los míos cielo.

Se llena la clepsidra,
y aun tus manos son lana
y mis dedos agujas de punto.

Se va consumiendo la vela,
y aun eres saliva
y yo comisura.

El sol se escapa del reloj,
y aun eres perfume
y yo, sin olfato.

Las manecillas marcan las doce,
y aun así
decido seguir pensándote.

...

lunes, 20 de abril de 2009

Veinte de Abril (si al menos fuera del 90…)

Hay días en los que necesitas sentirte viajero, apremia la necesidad de escapar y algo te empuja a buscar mas allá del horizonte que simplemente divisas.

Esos días en los que te busco, que me invento un truco para desaparecerme, que eludes enfrentarte a un espejo por que temes sus preguntas.

Desayuno sin diamantes, sin esplendor en la hierba y sin muchas más películas que contar.

Sí, es lunes.

Huye del triste amor, amor pacato...

Huye del triste amor, amor pacato,
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.

Ese que el pecho esquiva al niño ciego
y blasfemó del fuego de la vida,
de una brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.

Y ceniza hallará, no de su llama,
cuando descubra el torpe desvarío
que pedía, sin flor, fruto en la rama.

Con negra llave el aposento frío
de su tiempo abrirá. ¡Despierta cama,
y turbio espejo y corazón vacío!



Antonio Machado

viernes, 17 de abril de 2009

jueves, 16 de abril de 2009

Del baul de los textos perdidos

Sobre besos suspensivos...

Leía hoy* un par de cosas que me hicieron reflexionar, o más bien destripar algunas ideas, sobre algo que realmente me gusta: los besos.

Y pensé y repensé, y añoré, y me sentí falto de esos cientos de besos distintos. Descubrí que como hubiera cambiado mi vida si aquella noche no la hubiera besado, pensé en esos besos de puntillas repartidos en los portales, en como me gustaría darle ese beso en la oscuridad cómplice de los bares en los que solemos encontrarnos.

En aquel beso en los labios al despedirnos, en llenarte el cuello con un collar de besos tiernos, aquel beso en la frente que nunca supe bien que significaba, en ser canalla y darte un beso en los labios por sorpresa, en aquella vez que aquella me robo un beso y yo le robé alguno mas, en besos etílicos, en besos con memoria, besos neonatos, besos recién paridos y besos difuntos.

En que quieras darme un beso de cine si casualmente nos encontramos, en que pienses en besarme si no nos vemos, en que recuerdes que como yo te han besado muchos pero que no era yo quien te besaba. Que me besen con la mirada y yo responda besando el cristal de sus gafas.

Besos puros, besos castos, besos en cualquier parte, besos a miles y besos a euro, besos que te los ponen de corbata y que te pongan corbatas de besos. Besos en el pelo, recorrer tu brazo a besos y si hay suerte seguir hasta tu boca. Besos que te hacen apretar los puños por no poder darlos, tener su boca a un palmo y no saber a que sabe.

Cantar “bésame, bésame mucho” y que dada mi fortuna natural no me besen nada. Rezar por que no me crea un sapo antes de besarme, que no me vea príncipe por haberme besado.

Besos contigo, conmigo, con ella y con aquella. Besos de antes, besos de ahora (cuando el límite tiende a cero), besos inciertos del mañana…

Son como decía ese blog que me inspiró esta retahíla de besos sin lengua (y sin idioma):”Besos suspensivos…”


*Cambiemos hoy por hace ya un tiempo.

miércoles, 15 de abril de 2009

Pólenes o historias de primavera 3

Hoy llueve al otro lado del cristal, los adoquines brillan grises bajo el cielo plomizo.

Llueve al otro lado y me salpica por dentro, donde todo intenta escapar de ese gris que mata.

Se desdibuja, por fin, mi reflejo en cristal y me pierdo de vista por un rato. A veces necesito descansar de mi mismo.

Pienso, se en que y aun así, no se que pensar.

Miento, no se por que, pero me miento.

Pasan por fin estos cinco mil cuatrocientos segundos de misantropía, me resucito y vuelvo de nuevo contigo.

Dejaré para mañana lo que no pude hacer hoy, ese pequeño ataque nihilista justo antes de volver, una vez más, a pensarte bajo este cielo gris plomizo.

martes, 14 de abril de 2009

Fragmento del catorce*

(…) Repentinamente a El Sabio le entró un temor conocido, se sembró en él el miedo a una posible asechanza del destino. La ofuscación en sus pensamientos le sostuvo en vilo toda la noche y tenso el día siguiente.

Temía que alguna neblina en la conciencia le ocultara la verdad de los sucesos acaecidos al caer la noche de un abril medianamente concluido. La ausencia repentina de la joven, con la que tan largas conversaciones había mantenido, le desconcertó más de la cuenta.

(…) El día transcurrió severamente lento, con el malestar propio que genera la incertidumbre. Incertidumbres, como fuego atizado, con certidumbres en una espiral de gris humo decadente. Ese era el cruel juego entre lo cierto e incierto. Sombras que se alargaban sobre la casa haciendo que la hoguera, que otros días había servido de cobijo ante el frío, volviera a quedarse pobre. (…)

(…) Afortunadamente El Sabio tenia fe en si mismo y sabía que tarde o temprano superaría aquella escarcha de primavera. Pero aun era pronto para valorar, por lo que dedicó su tiempo a pensar en como le afectaría todo aquello, intentando engañar al miedo innato de verse solo. (…)


*Fragmentos de fragmentos.

lunes, 13 de abril de 2009

Pólenes o historias de primavera 2

Quema el azul de una nueva madrugada en mi boca y aun sigo preguntándome en que momento dejé de ser el viajero, que no viaja, de andén en andén. Cual fue esa intersección de tiempo en la que decidí permanecer en cada ciudad a la que por casualidad, o destino, llegaba.

Ahora pienso que quizás te convertiste en ciudad desde el primer momento y que cada ciudad me parece un mundo, donde perderme, donde permanecer y refugiarme, con el color tus ojos y el tacto de tu piel.

Fue destino, del que se busca o del que se encuentra, sea como fuere quiero quedarme aquí. Por que te has convertido en ciudad y de ser ciudad te hiciste un mundo y al ser mundo te sorprenderías si me supieras tú, su habitante.

¿En qué mundo vivo?

Poesía con video y música

Pertenece a el libro "El cementerio de los versos prohibidos" de Txus di Felatio (Mago de Oz) o como el se hace llamar ...El Principe de la Dulce Pena.

miércoles, 8 de abril de 2009

Pólenes o historias de primavera I

Me preguntas como suena tu voz y tengo que pensar que responderte, tengo que pensarlo a pesar de saberlo perfectamente. Quiero ser preciso sin que suene desproporcionado, cauto sin parecer cobarde, decir como siempre lo que pienso.

Y es una pregunta difícil, por que tu voz me gusta y me gusta por que es tuya. Sin llegar a formar aun notas musicales en mis oídos su tono me encandila, por que es dulce sin llegar a meloso, una colección de sonidos a los que aun no les he puesto techo, ¿la rúbrica perfecta a tu mirada quizás? Voz que grita en voz baja y susurra a voces.

Una colección de silabas bien encadenadas después y aun sigo escuchándote con atención, intentando comprimir los silencios en busca de una nueva palabra con la que alimentar mis oídos.Y espero una palabra tuya, que dada la época en la que estamos bien podría valer para sanarme, aunque no es seguro pues bien es sabido aquello del dardo en la palabra.

Tu voz son sonidos que penden de las cuerdas de arpa que se sujetan, etéreas, entre tus labios.

Hiciste bien en preguntar en cómo sonaba tu voz, lástima que lo hicieras a través del móvil a las cuatro de la madrugada y que no supiera quien eras. Aunque puede que esto último no sea muy preciso.

lunes, 6 de abril de 2009

Fragmento del seis*

(…) Por un momento El sabio deseó caer en el pozo de los pensamientos de aquella extraviada joven a pesar que se le antojaba claro su reflejo, quería saber de la firmeza de sus actos, de la verdad de sus labios, de los ecos en los latidos de su corazón.

Pero El Sabio no era galeno, escuchaba y daba consejo, intentando aportar humedad a la boca para que pudiera lamer tranquilamente sus heridas. Desarmaba con argumentos toda pena de las muchas que albergaba aquella joven e intentaba apuntalar en sólidas vigas cualquier resquicio de alegría que se reflejara en su sonrisa. (…)

(…) Fueron muchas las noches en las que sus conversaciones se alargaron hasta el momento en que las estrellas, ya cansadas, anunciaban la hora en la que el sueño debía vencer.

El Sabio, que cada día se consideraba menos sabio, aprendió a crear un vínculo sólido con aquella joven, construyeron con palabras un puente de muy fácil tránsito entre ambos. Una promesa silente hizo el resto.

Sabían que aquello no tenía visos de ser un hecho efímero. (…)


*Fragmentado de algunas vidas ajenas.

viernes, 3 de abril de 2009

“Hay una flor... Creo que me ha domesticado...”

Capitulo 21 de “El Principito” (Antoine De Saint Exupéry, 1900-1944), parte en la que el Principito se encuentra con el zorro.

Simplemente puedo decir que es una colección de las metáforas más sencillas y bonitas que he leído.


"Entonces apareció el zorro:

-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se
volvió pero no vío nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -díjo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear vínculos... "
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sól. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor... domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo;yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zoro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie.Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien;lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
-Yo soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo"



¿Acabará la flor ignota por domesticarme?

jueves, 2 de abril de 2009

Ruminantia

He llegado a la conclusión de que a pesar de estar ubicado en el mismo contexto léxico y en un ámbito lingüístico común al mundo que me rodea, hay un gran número de veces que no comprendo (o mal interpreto) las palabras.

Y esto me provoca cierta aprensión, me obliga a una relectura constante y entrelineas de todo, cuando son tantas las veces que las palabras dicen lo que dicen y no necesitamos ir más allá que la pura (y dura) semántica de las mismas.

Al final, sin saber muy bien por qué, acabo centrifugando conversaciones, escurriendo palabras y doblando las líneas que pronuncian tus labios. ¿Podría ser un rumiante de las palabras? Y si así fuera: ¿a cuál de los cuatro estómagos del pensamiento rumiante va a parar lo que tú me dices? ¿Y lo que me dicen los demás?

Lo malo de todo esto es que siempre acabo por quedarme con la primera interpretación, lo demás, como dice Anthony Blake, “es fruto de su imaginación”.

Fragmento casi del dos*

(…) Aquellos vientos fríos de las primeras semanas de Abril, hicieron que El Sabio empeorara de sus achaques. Desde que tenía uso de razón, en el ámbito de las dolencias de las que hablamos, él siempre se había sabido enfermo y vulnerable.

Aquella brisa fría arrastraba tras de si algo mas que los aromas de los jazmines del Palacio del Norte, ese frío sembró aquella noche en el Sabio una dificultad para respirar y cierta presión en el pecho.

El Sabio parecía haber olvidado aquella clase de achaques, de los cuales quiso huir refugiándose al calor de la chimenea de la pequeña casa del valle. En aquel valle calido, con la floración de los últimos cerezos, El Sabio había caído en la cuenta una vez mas, de que no era invulnerable al paso del tiempo y a las dolencias cardiacas que le acosaban desde joven.

Sabía perfectamente que era un roble con una buena dosis de carcoma. (…)



*Simplemente fragmentado.

miércoles, 1 de abril de 2009

“Problemas de Geografía Personal” de Luis García Montero

Nunca sé despedirme de tí, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.

Nunca se despedirme de tí, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.

Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.

Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.


Autor: Luis García Montero, Granada, 1958
Poema: “Problemas de Geografía Personal”, de Poesía Urbana, 2002