lunes, 26 de octubre de 2009

Hoy es siempre todavía

Dijo Antonio Machado: “Hoy es siempre todavía” y en verdad el hoy sigue teniendo el sabor de un siempre que me golpea en el paladar en el justo momento que decidí volver al lugar en el que me declaré culpable de tantos crímenes, e inocente de cargos de premeditación. Aquel lugar de noches infinitas en las que el brillo azul metal del alba me atravesaba como una navaja.

Volví a recoger signos de una historia personal, de capítulos que quizás se olviden en mi biografía, de paginas que amarillean en mi diario, de omisiones, de ausencias presenciadas y presencias ausentes. En definitiva, de todas aquellas cosas que dejé que se cubrieran de tiempo.

Quizás me traje ya de regreso, miradas y pasos pasados, las mismas luces de un ayer superlativo, algunas palabras naufragando en mi cabeza y sentimientos perdidos por no encontrados.

Por suerte, siempre relativa, un nombre nuevo tan dulce que suena como un susurro dicho de sus labios y que seguramente no vuelva a escuchar.


… regreso a los lugares a donde quise huir
y nadie me espera allí. ( Ismael Serrano )

martes, 20 de octubre de 2009

"Las Palabras" de Salvador Espriu

Hay tristeza detrás
de las palabras, lentos carros
en hilera que llevan
restos de ti, gran tedio
de tarde de domingo,
miedo al daño. Se cierran
libros y amigos, labios
de las cosas. Aviesos
novicios de hombres grises
te acosan por difíciles
retornos hacia Dios. Intentas
esconderte muy dentro
de tu invierno, donde puedas
encender con tantos recuerdos
el último fuego. Después miras
con ojos ya vacíos y piensas
en dormir. Pero aún,
a tientas, llegan
herida porcelana,
nocturna seda, y rompes,
desde un agua profunda,
voces de olvidados, intacto
vidrio viejo de palabras.

domingo, 18 de octubre de 2009

Atardeceres


Atardeceres
Cargado originalmente por Alfonso Cr
Otoñal atardecer por las tierras de Granadilla. Pantano de Gabriel y Galán.

Hoy: frío

Hay certeza de invierno en tus manos, rumor de alas abatidas, miradas mudas, palabras sordas y un sinfín de despobladas avenidas con tu nombre.

Insomnio que fabrica ojeras a tiempo parcial y subcontrata sueños. Dunas que se vuelven montañas en las sábanas y horas desmoronándose en el reloj.

Taciturno, melancólico alevoso, otoñal y deshojado. Estacional, migratorio en idas y venidas.

Hoy: frío.

viernes, 16 de octubre de 2009

Curiosidades de la falta de inspiración


De los hechos insólitos que me están ocurriendo estas últimas semanas creo que este es sin duda el que se lleva la palma. Es tan increíble que todavía me tiene un poco perplejo y tenía la necesidad de contarlo para que no caiga en el olvido y el desconocimiento.

Me encontraba como la mayoría de las tardes frente a mi PC, estaba un poco ido con la mano apoyada en la barbilla mientras miraba absorto las descargas del Emule, pensando no se muy bien si en esa chica morena o en que tenía que ponerme a escribir algo, o quizás las dos cosas, no lo tengo del todo claro la verdad.

El caso que durante esta especie de embelesamiento al que me someto de vez en cuando, escuché un ruido que provenía del bote de los lápices, evidentemente la primera reacción fue asustarme ya que pensé que se trataba de algún bicho o ratoncillo que había caído dentro del bote. Pero nada mas lejos de la realidad, si os soy sincero no se que hubiera preferido si un bicho o lo que a continuación salió del bote.

Los lápices se movían en círculos dentro, como si algo intentara apartarlos para hacerse hueco, cuando todos los lápices, bolígrafos y rotuladores estuvieron agrupados en una parte empecé a escuchar muy bajito una especie de “bep” que se acompañaba de un zarandeo del cubilete, que casi estuvo apunto de tumbarlo un par de veces.

Después de tres “bep” muy seguidos, mi perplejidad llegó hasta extremos creo nunca antes alcanzados, de repente y escapando a toda lógica, un pequeña mano cubierta por un trocito de tela a modo de guante marrón con su diminuta hebilla asía con fuerza el borde del bote.

Con un notable gesto de esfuerzo y acompañado de un sonidillo gutural, que me resulto gracioso, apareció un trocito de tela verde que cubría una especie de cabecita donde destacaban dos ojillos enormes y violetas. Siendo la boca y la nariz casi anecdóticas.

Creo que mi boca tendría que estar ya lo suficientemente abierta como para dejar ver todos los empastes, pero seguro que llegó al borde de la dislocación de mandíbula cuando ese ser pequeño y extraño, con una pirueta similar a las que dan las gimnastas de suelo y acompañado de un sonido que sonaba como “yiiipaa”, se plantó de pie en mi escritorio.

Ya no sabía como reaccionar, esa extraña figurilla me miraba de frente, quieto, con sus dos ojillos brillantes bien fijos en mí. Los dos inmóviles frente a frente, el pasmo debía ser mutuo.

El pequeño ser, al parecer mas valiente que yo, decidió mover el brazo y con un apéndice que se movía debajo del guante, que no me atrevería a llamar dedo, se señalaba a sí mismo. Agitaba la mano, no sin pocos aspavientos para su escaso tamaño, repitiendo un sonido que muy bajo sonaba parecido a un “Llec Llec”, por buscar una lógica dentro de lo surrealista de todo esto, pensé que trataba de decirme su nombre.

Para no ser descortés, tiré del protocolo aprendido en las películas americanas para este tipo de encuentros y haciendo el mismo gesto me señalé con el dedo índice. Logré repetir tartamudeando varias veces mi nombre. La diminuta criatura reaccionó y repitió más alto “Llec Llec”, como si se hubiera alegrado por habernos podido entender.

En un gesto de decisión por mi parte, incliné la mano hacia él con intención de tocarle y un movimiento sumamente veloz y acompasado con un “yiiipaa”, mucho mas sonoro que el anterior, se metió de un salto dentro del bote de los lápices, el cual quedó girando sobre si mismo unos instantes.

Inmediatamente cogí el bote de los lapiceros a ver si “Llec Llec” estaba bien, pero cual fue mi sorpresa que dentro del bote no había nada más que lápices. Saque los lápices y bolígrafos uno a uno, pero nada. Había desaparecido.

Fue la primera y la última vez que vi a “Llec Llec”, pero para la próxima ya estoy precavido, por que ahora se que a los pequeños gnomos de los botes de lápices no les gusta que les toquen.

viernes, 9 de octubre de 2009

La lluvia

Cuando soñaba que tus brazos eran el borde del precipicio y daba un paso para caer en ellos, logrando así el abrazo definitivo, me despertó el sonido de la lluvia arremolinándose en el tejado.

Salí a la calle cabizbajo, disimulando, temeroso de que el gris plomo se apoderara de las briznas de optimismo recogidas horas antes en oníricos lares. Y que ahora atesoraba con celo en mis puños escondidos en los bolsillos.

Llovió durante todo el trayecto. Empapado ya el ánimo y con los hombros encogidos como el que no entiende lo que pasa, los pasos se tornaron sin rumbo. Se desdibujaron en la acera bajo los reflejos suspendidos de las luces de los coches. Llegó el otoño de repente con una bocanada húmeda y ocre a mis pulmones.

Cuando el peso de las briznas en mis bolsillos se hizo insostenible, noté en mis manos como se transformaban en hojas secas, quebradizas e insensibles. Las cuales deposité con cuidado, ya amarillas, junto al bordillo. Quedando encubiertas con los restos de los bolsillos de otros que pasaron por allí antes que yo.

martes, 6 de octubre de 2009

Brillo erroneo


Simplemente, confundí el brillo de mis ojos con un si. Cuando en realidad era una reacción alérgica a dar una respuesta negativa.