martes, 26 de enero de 2010

“Ajeno” de Claudio Rodríguez

Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y curo del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

Claudio Rodríguez

sábado, 23 de enero de 2010

martes, 19 de enero de 2010

Aquel lluvioso Enero

Habitualmente, en inviernos enmohecidos de lluvia, te alquilo por horas (o días) un lúgubre cuarto en mi memoria. Con un golpe de estado, instauro una anarquía visceral y declaro anti-demócrata cualquier acción sentimental. Esa es mi política, me digo.


Me siento en la cama, cierro los ojos y te pienso. Paciente espero que llegues, siempre como una fotografía velada, te presentas. Pregunto: ¿quién eres y qué quieres?, que no te recuerdo así, te repito. Y tú, tan fugaz e indeterminada como siempre, me hablas de amores sucedidos y primaveras con flores.


Te convido a que mires por la ventana, que cures los arañazos de las gotas de lluvia sobre el cristal y me digas si acaso intuyes el rumor del despertar de las flores. Pero te ciegan las grises espirales de humo ascendiendo desde las chimeneas, el frío vidrio, la calle empapada, el negro terciopelo del cielo.


Desapareces.


Ya apenas recuerdo aquellos inviernos cálidos en los que tú y yo hablábamos de primaveras. Y ahora creo, que eso es el buen camino.

lunes, 11 de enero de 2010

Curiosa vista de los Arcos de San Antón


Arcos de San Antón
Cargado originalmente por Alfonso Cr
Inusual estampa: en un Plasencia nevado como hacía mas de 30 años, los Arcos de San Antón nos muestran una forma nueva de ser vistos (al menos para mi).

Nevoso

Vanos son los esfuerzos por encontrar el tibio sol del invierno cuando la caspa de Dios anega el suelo. Guirnaldas aterciopeladas prendidas de plomizas nubes descienden tocando mi cara. Blancas partículas del cielo,como luces lejanas que tintinean reflejadas en el oscuro río.


Cuando el mundo se enfría y se escarcha todo menos la memoria, he salido a la calle esperando cualquier cosa o lo que es lo mismo, no esperando nada. Sólo el frío sin el refugio de tus bolsillos.


Esta ciudad sin sal, me ha recibido hoy de blanco y yo a ella, in albis.

Ismael Serrano - Qué va a ser de mi

jueves, 7 de enero de 2010

Il tempo

Siempre que llevo un tiempo sin escribir nada me invade un cierto desasosiego, una pequeña sensación de vacío se apodera de mi y pulula por mi cabeza la idea del que no tiene nada que contar. Y concurren, uno tras otro, días inciertos pero de tiempo bien cierto.

Y paseo por esta celda cabizbajo, miro por la ventana y observo las gotas de lluvia prendidas de los árboles y dibujo con el dedo palabras sinsentido en el vaho del espejo. Y cuando por fin me doy cuenta de que el tiempo se me escapa, encuentro algo que me obliga a replantearme toda la situación desde el principio.

Así pues, ojeando “Buzón de tiempo” de Mario Benedetti encuentro recogida una frase de Giordano Bruno:

Il tempo tutto toglie e tutto dá; ogni cosa si muta, nulla s´annichila.

Paro por un momento y sigo ojeando las palabras de dicho libro y me encuentro con “Señales de humo”:


Cuando estás en el filo de lo oscuro
y le rindes honor desde tus huesos
cuando el alma purísima del ocio
pide socorro al universo inútil
cuando subes y bajas del dolor
mostrando cicatrices de hace tiempo
cuando en tu ventanal está el otoño
aún no te despidas/ todo es nada/
son señales de humo/ apenas eso

tu mirada de viaje o de desiertos
se vuelve un manantial indescifrable
y el silencio/ tu miedo más valiente/
se va con los delfines de la noche
o con los pajaritos de la aurora/
de todo quedan huellas/ pistas/ trazas
muescas/ indicios/ signos/ apariencias
pero no te preocupes/ todo es nada
son señales de humo/ apenas eso

no obstante en esas claves se condensa
una vieja dulzura atormentada
el vuelo de las hojas que pasaron
la nube que es de ámbar o algodón
el amor que carece de palabras
los barros del recuerdo/ la lujuria/
o sea que los signos en el aire
son señales de humo/ pero el humo
lleva consigo un corazón de fuego


Y termino pensando que no sé que pensar. Quizás todo esté dicho.

domingo, 3 de enero de 2010

"Píos deseos para empezar el año" de Gil de Biedma

Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
-o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul...
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.


"Poemas póstumos" (1968). Jaime Gil de Biedma