lunes, 28 de junio de 2010

Temores de estío

Temo ahogarme en los folios en blanco cuando tengo tantas cosas que decir, que las palabras que del corazón me han de salir se queden en la garganta y me enmudezcan. Que la voz no llegue a tocar las teclas y no escuches estas lineas.

Y es que son muchos los temores que a uno le acechan tras cada esquina de este reciente estío. Vuelven los simulacros de incendio y las noches de insomnio. Que son frecuentes las mañanas de estúpida sonrisa y las tardes con sospechosos brillos en los ojos. Viviendo nuevamente a la sombra de un tirano horario que nos separa.

Y temo estar drogado de sueños imposibles, de ceder con la misma voluntad que la lluvia de esta tormenta veraniega. Que hayas pasado frente a mi y que no hayan saltado las alarmas y termines por allanar esta fría morada interna, dejándola un poco mas vacía si cabe.

Temer el tener que responderte que todo está bien, cuando se me ha escapado de las manos. Que mis miradas huyan hacía techo o suelo para que no vislumbres en mis ojos ninguna veta confusa. Tenerme que inyectar amnesia o desmemoria para estar a tu lado.

El temor de que por un descuido pasaras por aquí y me leyeras parafraseando a Ewan McGregor en Big Fish diciendo que:



hay momentos en los que un hombre tiene que luchar, y hay momentos en los que debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado, que sólo un iluso seguiría insistiendo. Lo cierto es que siempre he sido un iluso”.


Y descubrieras toda una declaración de intenciones por mi parte.



viernes, 25 de junio de 2010

Invitación al regreso de Luis García Montero

Invitación al regreso

Quien conozca los vientos, quien de la lejanía
haga una voz donde guardar memoria,
quien conozca la piel de su desnudo
como conoce el rastro de su nombre,
y no le tenga miedo, y le acompañe
más allá del invierno encerrado en sus sílabas,
quien todo lo decida sin la noche,
de golpe, como un beso,
que suba entre la niebla por el puente,
que le roce los dedos a su propio vacío,
que salga al mar, que pierda
el temor de alejarse.

En la debilitada
sombra violeta de las olas,
mientras se van hundiendo con el puerto
los antiguos letreros y las luces,
flotarán esperando
nuestras conversaciones en el agua.
Serán el obligado desengaño
que con la brisa caiga desde la arboladura,
devolviendo al recuerdo
la tempestad de hablar
o palabras partidas como mástiles.
Porque los sueños dejan
igual que los naufragios algún resto,
con maderas y cuerpos hundidos en las sábanas,
llenos de dominada libertad.

No es la ciudad inmunda
quien empuja las velas. Tampoco el corazón,
primitiva cabaña del deseo,
se aventura por islas encendidas
en donde el mar oculta sus ruinas,
algas de Baudelaire, espumas y silencios.
Es la necesidad, la solitaria
necesidad de un hombre,
quien nos lleva a cubierta,
quien nos hace temblar, vivir en cuerpos
que resisten la voz de las sirenas,
amarrados en proa,
con el timón gimiendo entre las manos.

Aléjate de allí, vayamos lejos,
sin la ilusión que llama desesperadamente,
sin el dolor que asume su decencia.
La piel, mi piel, los vientos
han preguntado tanto en las orillas,
tanto se han estrellado por ciudades y pechos,
que no conocen patrias ni las cantan,
no recuerdan naciones,
sólo pueblos.

Yo sé que su regreso
es el nuestro sin duda. Porque con voz humana,
como marinos viejos,
sobre el desdibujado dolor de sus espaldas,
vendrán para decirnos:
es el tiempo,
dejémonos volver con la marea.

El coraje y la fuerza del crepúsculo
os llevarán al fondo de lo ya conocido,
y veremos fragatas sobre los charcos negros,
pero la silueta desdoblada de un niño
no será frágil ni tendrá cansancio.

Así, después del viaje,
sorprendidos y mudos delante del fantasma,
mientras surgen despacio con el puerto
los antiguos letreros y las luces,
oiremos la canción de los que llegan,
de los que pisan tierra cuando han sido
durante muchos días esperados.

Y el mar, el dulce mar tan trágico,
a su propia distancia sometido,
sabrá dejar escrito
que el viaje nunca fue nuestro tesoro,
ni tampoco el dolor famoso en los poemas,
sino los sueños puestos en la calle,
los lechos y su bruma,
al despertar de tantas noches largas
donde sólo pudimos presentir,
hablar de los deseos en la sombra.

Al lado de tu pelo, capital de los vientos,
la historia en dos, el ruido de las lágrimas,
tienen que ser pasado necesario,
alejada miseria,
cosas para contar después de algunos años,
si es que alguien pregunta por nosotros.

Aunque también, y necesariamente,
entre la baja noche y esta casa
donde suelo escribir,
yo esperaré los labios
que con llamada extraña de nuevo me pregunten:

¿Prisionero de amor, para quién llevas
un hombro de cristal y otro de olvido?



(Luis García Montero)

sábado, 19 de junio de 2010

Noche de viernes

No son negros estos silencios que nos separan, ni siquiera blancos, son de un añil indeterminado. Un abismo de palabras mudas construido a conciencia, siempre con agua al fondo. Y así, tenemos un telón cosido con lo no dicho por nuestros ojos (que juegan al despiste), un frágil puente entre nuestras manos.


Tu allí, yo aquí, al lado. Inconexos e inconformes, solos al fin de cuentas.


Mi pantalla se funde a negro mientras tú la miras y yo te digo hasta mañana.




viernes, 18 de junio de 2010

Dias de borrasca...


"Pepino"
Cargado originalmente por Alfonso Cr
...vísperas de resplandores.


Foto: "El pepino", Torre Swiss Re de Norman Foster. Londres.

martes, 15 de junio de 2010

De un nieto

Llego yo, tú ya te has ido. Y no he podido despedirme porque no quise creer que te marcharías ya, que en verdad eras de otra pasta, que aguantarías lo que estuviese por venir. Pero una vez más estaba equivocado, las estaciones son implacables y tú ya llevabas muchas a tus espaldas, algunas muy crudas.


Y te vuelvo a ver, estás blanco y frío, detenido, como los ríos de invierno. Ayer estabas aquí, y hoy confinado en esa ingrata caja frente al altar. Y no puedo mas que apretar los puños y los dientes. Y lloro, lloro a lágrima viva. Porque te has ido, porque cada vez quedan menos de los buenos. Porque la naturaleza es tan sabia como puta .


Todos, o casi todos, los que por tu vida pasaron están ahora frente a ti, tú frente al altar, envuelto en maderas. Te lloran sí, porque dejaste huella en cada uno y eso es lo que perdurará después de tu marcha. Puedes irte contento ( como siempre solías estar), con el saber de una vida bien cumplida y la seguridad de que aquí nos seguiremos acordando de ti.


Hoy todo lo material, todo lo corpóreo, termina tras esos muros encalados. Al final de una galería de mármoles repleta y con el sonido de las herramientas del albañil y el yeso, una vez más, haciendo herida invisible dentro de cada uno.


Hasta siempre abuelo, hasta siempre, volveremos a encontrarnos algún día.



[...] Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

( Jaime Gil de Biedma )


viernes, 4 de junio de 2010

Ismael Serrano - Te vas



Te vas
a la ciudad definitiva sin mí,
perdonarás que no te vaya a despedir.
La noche corta como un cristal roto y tú
estarás tan triste como hermosa.

Tu luz,
quemó mis naves cargadas de incertidumbre
y el corazón que sobre tu mesa yo puse
para cenar la noche en que nos dispusimos
a saltar de la mano al precipicio.

Y yo procuraré sonreír más a menudo
y acostarme a una hora prudente.
Tú me enseñaste que afuera, siempre,
me está esperando una nueva mañana
como aquella nuestra,
radiante y soleada.
Como aquella nuestra,
radiante y soleada.

Te vas
a la ciudad definitiva y en Madrid
quedamos huérfanos y enfermos. Te vas a reír,
pero pregunto cada noche a los fantasmas
que habitan mis bares
cuándo vuelves a casa.
Los días caen lentos como el polen de un árbol
cubriendo todo mi jardín de desencanto.
Un sucedáneo de la vida será al fin
el tiempo que he de recorrer sin ti.

Y yo procuraré no suspirar tan a menudo
y acostarme a una hora prudente.
Yo sé que afuera, inevitablemente,
me está esperando una nueva mañana.
Lo prometiste, radiante y soleada.

Y tú procurarás cumplir con lo que has prometido,
ser fuerte y devorar la manzana.
Has de pensar, cada nueva mañana,
que un tipo a menudo piensa en ti y sonríe
aunque quizá no sean sus días más felices.

Y yo procuraré mantener la luz encendida
por si se te ocurre volver de repente.
Alumbrará este recuerdo incandescente
el camino de vuelta, aquel que trazaron antes
viejos fugitivos, nuevos amantes.
Viejos fugitivos, nuevos amantes.

Y yo procuraré sonreír más a menudo
y acostarme a una hora prudente.
Tú me enseñaste que afuera, siempre,
me está esperando una nueva mañana
como aquella nuestra,
radiante y soleada.

Te vas
a la ciudad definitiva sin mí.

martes, 1 de junio de 2010

Amanece tibiamente...

Amanece tibiamente, y este cielo apenas despierto me recuerda a tus ojos. Pasos nuevos atraviesan la cápsula de esta ciudad enmohecida de espera, consentida por la paciencia de un río. Quizás evoqué demasiado tiempo al destino como excusa, quizás las calles queden igual de cansadas después de ser pisadas por nosotros. Hoy no tengo respuestas.


Es posible que los sueños se hayan cansado de ser soñados, pero esto solamente es un tal vez lanzado al viento. Hoy he de remitirme a un hoy para que mañana me responda un mañana. Posiblemente allí nos encuentren, mas viejos y cansados, pero definitivamente allí.


Ahora rompamos la frontera de silencio que nos une, preguntemos a nuestras manos sobre que hablan los brillos de nuestros ojos y quizás podamos terminar con este silente pacto de soledad.




[…] A veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si sé
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.


( Mario Benedetti )