martes, 19 de octubre de 2010

sábado, 16 de octubre de 2010

Amoldando “No volveré a ser joven”.


Que la vida iba en serio
y lo nuestro era una broma, tardé en descubrirlo el tiempo justo en el que se cubren de moho las prefabricadas mentiras. Mi afición a construir trampantojos se fue cimentando en tus ambigüedades, siempre electivas. Llevándonos al punto de no retorno en el que nos convertimos en extranjeros de la tierra de nadie.


Dejar huella quería, cincelando tu frío con un cariño que dejó mis manos desgastadas, llenas de frías astillas de escarcha. Yo quise ser Diciembre, solsticio entre solsticios, el imposible frío absoluto. Y tú me buscaste, asomando primaveras sin flores a mi boca.


Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: gritar por signos nos hizo desconocidos habituales. Simplemente, dos equivocados.



Que Gil de Biedma me perdone y, si no es mucho pedir, el tiempo y tú también.




miércoles, 13 de octubre de 2010

Caozo


Caozo
Cargado originalmente por Alfonso Cr
El agua, como la vida, discurre abriendose paso. Aunque a menudo sea leve el cauce que lleva.

martes, 12 de octubre de 2010

jueves, 7 de octubre de 2010

Poema de Luis García Montero

En los días de lluvia

A Mari Carmen

Sabrás por la presente que empeoré de vida.
Mariano Maresca



Más o menos extraña
la vida fue pasando tibiamente
por tu cuerpo y el mío.

Oigo la lluvia fría amontonarse
sobre las uralitas
y la noche me atrapa
en el sudor eterno de su tranquilidad.
Tal vez
debiera despertarte, hacerte compartir
este presentimiento
de lejana belleza
con el que me confundo apenas un instante
para volver a ti
que te abandonas
a la hermosa presencia
de tu respiración.

Pasan lentos los coches.
Oigo también
tu corazón lejano
pasar de madrugada entre la lluvia
y me asusta la sombra
de tanta intimidad.

Es tarde.
Uno escribe su vida en un poema,
analiza el amor
y se acostumbra
a seguir como está, junto a tu cuerpo
que quizá me recuerde todavía
desnudo entre las sábanas,

o las noches de lluvia nos confirman
que la vida, posiblemente hermosa,
no siempre es un asunto disponible
y que a veces resulta incluso mucha,
temible como ahora,
mientras que tengo miedo de besarte al azar.

Lo sé. Hemos sido extranjeros
hablándonos por señas demasiado cercanas,
ansiosos en las calles
de una nueva ciudad,
esperando tal vez que nos fotografíen
delante de este amor y de sus cicatrices,
eso que confundimos con nuestros sentimientos
o acaso
-en noches de locura-
con una sensación de humedad en los ojos.

Pero en pocas palabras se resumen
casi todos los días,
sus sílabas contadas en mis versos
y la felicidad.
Tibiamente los años
nos descubren
que nada existe ya sin tu sudor y el mío,
que somos todavía demasiado solemnes
cuando nos sorprendemos
temblando de pasión,
llenos de instinto mal disimulado.

Por eso, mientras llueve,
agradezco tu cuerpo entre las sábanas
y esta pasión desierta
de acariciar tus muslos,
más o menos extraños
y hermosos como un sueño
que acaba de llegar.



(L.G.M.)